Archive for 31 marzo 2011

AVANZA LA CUARESMA

“Una  cuaresma  sin  solidaridad

es  un  camino  que  no  va  a  ninguna  parte”

Por eso nosotros nos estamos tomando en serio esta Cuaresma

participando con toda nuestra ilusión en la Campaña de Solidaridad con Gabón.

El termómetro va subiendo

y pronto vamos a llegar a

los 6.000 euros


Abrir nuestro corazón y nuestras manos

a las situaciones de necesidad que hay en nuestro mundo,

será la mejor forma de prepararnos

para celebrar la Pascua, que es la Vida,

la vida como Dios la quiere para todos sus hijos e hijas.

 


NOS LLEGAN NOTICIAS DE HAITÍ

María Leal en Haití

María Leal, una vallisoletana entregada a Haití

Llegué hace nueve meses a Haití para responder a la llamada internacional de ayuda, tras el terremoto del 12 enero del año pasado, especialmente en el campo sanitario, ya que soy médico. Desde mi congregación, Carmelitas de la Caridad – Vedruna, se nos envió a dos de nosotras para colaborar con otras religiosas.
Tras una primera atención de semi-urgencia en Puerto Príncipe, tres de nosotras fuimos enviadas a la montaña, donde la población también había sufrido las consecuencias del terremoto, físicas y psíquicas. Al llegar a estas hermosas montañas de Belle-Fontaine, un lugar situado al sur de la capital, comenzamos a vivir en la pequeña localidad de Ducrabon, frente al pico más alto de Haití (que significa, en lengua indígena, tierra montañosa).
Nos quedamos fascinadas de la forma de ser de la gente. La enorme dificultad para llegar por carretera y comunicarse por otros medios hace que este pueblo conserve la sencillez más genuina del ser humano, sean niños, adultos o ancianos.
Es un pueblo de raza negra, sin diferencia de tribus, muy fuerte física y psíquicamente. Descendiente no solo de esclavos africanos de los franceses, sino también de aquellos que se escaparon y sobrevivieron en la montaña desde el siglo XVI. Si en otro tiempo pudieron vivir de la caza y del agua de las montañas, ahora es la agricultura su medio fundamental de vida. Viven con una economía familiar de subsistencia, siempre sometida a las inclemencias de los ciclones caribeños, que pueden acabar en unos minutos con sus cosechas de alubias negras y rojas, de maíz y de guandules, un tipo de lentejas verdes.
Sin atención sanitaria
Lo que empezó como una respuesta a una urgencia humana y sanitaria, se convirtió en un planteamiento de misión. Una vez que los signos y síntomas producidos por el terremoto pasaron, continué constatando que este pueblo no tiene acceso alguno a la atención sanitaria, ya que el centro sanitario más cercano está a 12 horas a pie. Y esto, atravesando montañas y ríos, bajo la lluvia, el sol o en la penumbra de la noche. Los médicos del país no quieren vivir aquí por las condiciones de vida que esto implica: incomunicación (teléfono, Internet), dificultad para el abastecimiento del hogar, la falta de actividades de ocio y una escuela muy pobre.
Desde entonces nuestro trabajo se desarrolla en Ducrabon, en colaboración con otras dos comunidades religiosas haitianas, una masculina y otra femenina. La femenina llevaba tan sólo dos meses en el pueblo, la masculina lleva una labor de 12 años en el desarrollo, la agricultura y la educación de este pueblo tan atrasado, junto a la atención de tantas necesidades que se presentan cada día.
Nos hemos organizado de tal manera que empezamos un consultorio general donde no había nada. Yo comencé como médico, en equipo con los agentes de salud de la zona y religiosos. La formación fue fundamental desde el primer día y lo continúa siendo, tanto para nuestra organización como para el conocimiento del cuerpo, de sus enfermedades y de las técnicas básicas del cuidado. Aunque tengamos poco espacio y nuestros medios sean muy precarios hasta puntos inimaginables, nuestro ánimo y la voluntad de avanzar se mantienen y nos llevan, incluso, a realizar ciertas intervenciones quirúrgicas.
Pretendemos continuar una labor comunitaria de salud, donde los propios haitianos sean los protagonistas de su mejoría. Por eso, colaboramos también con la matrona. Aunque los partos se sigan haciendo en sus casas, la matrona, una mujer mayor del pueblo, a la que llaman cuando una parturienta va a dar a luz, nos deriva los casos complicados o de alto riesgo.
Desde el principio, recibimos ayuda con medicamentos de la Conferencia de Religiosos del mundo entero y ahora esta ayuda continúa desde alguna ONG como Acoger y Compartir y otras donaciones, como por parte de la Fundación VIC (gestionada por las Carmelitas de la Caridad – Vedruna).
A medida que avanza el tiempo, corroboramos lo que veíamos desde el principio: La estructura del hospital se queda pequeña para nuestras actividades y para las necesidades de la zona. Por eso, el proyecto de construcción de un hospital sencillo para esta zona de Belle-Fontaine se toma cada vez con mayor urgencia, aunque nos encontramos con múltiples dificultades, desde el diseño de los planos, hasta la financiación, pasando por el ajuste del presupuesto en este país donde, paradójicamente, construir resulta extremadamente caro. La ayuda de la que hablábamos antes nos llega para el funcionamiento diario y mantenimiento, pero no para una construcción.
Queremos decir que, aunque vivamos cada día condiciones precarias y otras mil dificultades, nuestra existencia tiene pleno sentido porque arriesgamos nuestra vida por el bien y la dignidad de este pueblo tan olvidado del mundo, incluso del resto de su propio país. Y porque recibimos de ellos la alegría de vivir, el tesón en la lucha por sobrevivir cada día, la solidaridad de unos con otros en esta lucha, el sentirse parte de la naturaleza, el valorar la esencia de la vida, el sentido de hermandad, de igualdad, de pueblo, la sencillez y naturalidad en las relaciones.
¿Qué más se puede pedir?

 

Tras un año de presencia en estas montañas, nuestra mirada ya tiene una cierta perspectiva. La catástrofe del terremoto y sus consecuencias pasaron, pero la necesidad de seguir en este pueblo permanece por varias razones:

  • El cólera, cuyo primer brote ya pasó, puede volver a aparecer cuando las lluvias arrastren la suciedad de un sitio a otro. La falta de asistencia sanitaria en toda esta región agradece nuestra presencia.
  • La pobreza y los malos medios de comunicación y de transporte, que les aísla de los beneficios de la civilización de la ciudad.
  • Los ciclones frecuentes y posibles nuevos terremotos.
  • La educación tan deficiente, en la que los profesores que se arriesgan a venir dejan a veces también bastante que desear.
  • La situación política inestable, que bloquea, por períodos, la actividad comercial, educativa y el tráfico, en la capital y en otras ciudades.

En todo esto podemos contribuir de una forma o de otra. En este pueblo que lucha cada día por la supervivencia con una fuerza impresionante, seguimos llevando una vida muy cerca de la gente, desde la casa donde vivimos, hasta en el trabajo (hospital y escuela), pasando por la calle. Cada día aprendemos de su espíritu de superación, de su ánimo, de su capacidad de dar un paso más, cantando a veces, en pleno cansancio, de su fe, que cree en la Providencia cada día, que ve a Dios en todas las personas y las cosas.

Estamos  acompañando de forma efectiva su proceso de desarrollo, un desarrollo que, hasta ahora, les parecía imposible. Junto con los hermanos, que llevan 12 años aquí valientemente, dando un buen empuje a la educación, la formación sobre agricultura, albañilería, y todo lo que favorezca este deseado desarrollo, y también junto con otras hermanas, que desde hace un año están aquí, atendiendo a las necesidades de la gente.

En los 3 meses de octubre a diciembre de 2010, Eva López, una hermana Vedruna joven, fue enviada a ayudarnos como enfermera. Su presencia dio un color y un apoyo a todos muy fuerte, a pesar de la limitación de la lengua.

Este año, desde enero, es Alegría Arias, otra hermana, quien comparte su vida con nosotros. Su compromiso en Perú hace que pueda ayudarnos sólo por un año. Pero es justo el tiempo que tendrá que pasar hasta la evaluación sobre nuestra presencia en Belle Fontaine, a finales del 2011, para ver si seguimos aquí o no y, en caso afirmativo, de qué manera.

Desde febrero de este año estamos construyendo el hospital que los hermanos  querían desde hace mucho tiempo para esta población. Nos está ayudando para ello Rafael Alonso, un ingeniero de puentes y caminos que  pasa su año sabático aquí, como voluntario, para construirlo. Esto es posible también gracias a las ayudas económicas de mucha gente de España. Las dificultades son múltiples, pero a Rafael le anima ver que el pueblo y sus trabajadores colaboran muy bien, con mucha ilusión y a un ritmo de fuerza humana admirable.

Otros proyectos que dependen de nosotras y que se van realizando con la ayuda de VIC y otros donativos son:

  • La reconstrucción de la panadería, que dará no sólo trabajo a la gente, sino también una fuente de alimentación.
  • El arreglo de la canalización de agua y construcción de cisternas a su paso (junto con la ONG Acoger y Compartir), que favorecerá la higiene de las familias y reducirá el esfuerzo de tantas niñas y mujeres, fundamentalmente, yendo a buscar agua para toda la casa.
  • La ampliación y mejoría de la tienda del pueblo, que es la única de toda la comarca de Belle Fontaine. Será el núcleo de una cooperativa que tendrá repercusión en un buen radio alrededor. Favorecerá el trabajo y el nivel de vida del grupo de jóvenes que lo llevan, de sus familias y de su  alimentación.

Hay también otros proyectos que se están haciendo  y que dependen de otros organismos:

  • La construcción de letrinas en muchos patios particulares, como modelo para todas las familias. Es Cáritas quien lo hace, enviando de vez en cuando a su ingeniero al lugar.
  • La construcción de casas con materiales locales (piedra, arena, arcilla, cal) para 200 familias. Es Misereor quien lo realiza con arquitectos y albañiles bien formados, con tal de que la mano de obra sea local para que todas estas familias sean formadas y repercuta en el futuro.

Todo esto es una forma efectiva de impulsar el desarrollo integral de las personas y la comunidad.

Sentimos la profunda alegría de vivir con este pueblo, de participar de los azotes que reciben (que los medios de comunicación bien difunden), superarlos con ellos cada día, desde esa fe tan profunda y sencilla y avanzar con esperanza hacia adelante.

María Leal, 15 marzo 2011

Mucha gente todavía está viviendo en tiendas como estas

IMÁGENES IMPRESIONANTES DE JAPÓN

Han pasado ya varios días desde el terremoto y posterior tsunami en Japón. Todos hemos visto imágenes impresionantes de la catástrofe pero es muy posible que no podamos imaginarnos la magnitud del desastre. Las fotos  que aparecen en esta página nos pueden dar una idea de lo que era antes y lo que es ahora.

http://www.abc.net.au/news/events/japan-quake-2011/beforeafter.htm

DÍA DE LA IGLESIA JOVEN

Para los que puedan estar interesados:

el sábado, 2 de abril, se celebra

el día de la Iglesia Joven.

Hay una serie de actividades organizadas, te puedes informar en tu parroquia.

EL NIÑO YUNTERO

Cortos de Joan Manuel Serrat: Un homenaje a la poesía de Miguel Hernández en el centenario de su nacimiento.


LIBIA

Familias libias relatan

la pesadilla que están viviendo

 

Donatella Rovera, investigadora de Amnistía Internacional para la situación de crisis.

Bengasi (Libia), 18 de marzo de 2011

Haz clic para ampliar 

Ayer conseguí hablar por teléfono con una familia a la que conocí la semana pasada, cuando estuve en Ajdabya, población situada a unos 160 km al oeste de Bengasi atacada por las fuerzas militares del coronel Gadafi en los últimos días. La ofensiva continuaba aún, las líneas telefónicas habían estado cortadas y había sido imposible contactar con nadie de la ciudad.

La familia me dijo que se habían refugiado en el desierto, a unos 40 km al este de Ajdabya. Estaban muy afectados y asustados. Dijeron que las fuerzas del coronel Gadafi habían estado bombardeando con intensidad y que no sabían si su casa seguía en pie. También dijeron que cuando huían de la ciudad habían visto cadáveres en las calles.

Lo mismo me contaron otras familias que habían huido. Aunque no he tenido la posibilidad de verificar estos relatos de forma independiente, sin duda, son convincentes. Tampoco se puede saber si los cadáveres pertenecían a combatientes contrarios al coronel Gadafi o a residentes fallecidos a pesar de que no participaban en ningún combate.

Conocí a la familia que ahora está refugiada en el desierto hace dos semanas, en uno de los hospitales de Bengasi, donde atendían a su hijo de 17 años, Yousef, que cursa el último año de secundaria. Las fuerzas de seguridad del coronel Gadafi habían disparado a Yousef en la cabeza en el centro de Ajdabya hacia las 16:30 del 17 de febrero, primer día que hubo manifestaciones por las libertades civiles, las reformas políticas y la democracia en muchas ciudades de Libia, inspiradas sin duda por las recientes protestas populares de los vecinos Túnez y Egipto.

El médico del hospital que atendía a Yousef explicó: “La bala entró por la parte posterior de la cabeza, por el lado derecho, justo encima de la oreja, y salió por la frente. Ha tenido mucha suerte porque la bala ha pasado justo por encima del tallo cerebral; si hubiera penetrado sólo unos milímetros más, probablemente no habría sobrevivido. La lesión en sí se ha curado bien; sin embargo, la herida estaba en una zona muy delicada y quedan síntomas psicológicos: tiene delirios y no puede dormir. Todavía no sabemos cómo se va a recuperar.”

El padre de Yousef estaba junto a él y sentía una comprensible preocupación por su estado: “Cursaba el último año de secundaria y le iba muy bien en los estudios; ahora está muy mal, tiene delirios y no puede dormir. No sé si se recuperará. ¿Qué le depara el futuro? No sé qué se puede hacer para curarlo. Quizá si fuera posible enviarlo al extranjero, a un lugar donde tuvieran un tratamiento más desarrollado que pudiera ayudarle, pero yo no tengo medios para hacer eso.”

También conocí ayer a otra familia que había huido hacía dos días de su casa en Besher, un pequeño pueblo situado a unos 12-15 km al oeste de Al Breiqa.

La semana pasada, los alrededores de Al Breiqa, a unos 40 km al oeste de Ajdabya, y de Ras al Anouf, a otros 100 km más hacia el oeste, fueron escenario de intensos combates entre las fuerzas que avanzaban, leales al coronel Gadafi, y quienes habían tomado las armas para oponerse a él. La mayoría de los habitantes de estas zonas se han visto obligados a abandonar sus casas y buscar refugio en otro lugar.

Algunas personas que consiguieron llegar a Bengasi viven en casas de amigos o familiares o han sido acogidas temporalmente en un centro gestionado por la Sociedad Libia de la Media Luna Roja. Muchas más están refugiadas en el desierto, al oeste de Ajdabya.

La familia del pueblo de Besher también dijo que habían visto cadáveres en las calles, pero ha sido imposible llegar hasta ellos sin riesgos debido al constante bombardeo.

Ayer por la tarde las líneas telefónicas locales dejaron de funcionar y ahora es imposible contactar con los médicos del hospital de Ajdabya para obtener información actualizada de lo que está sucediendo ahí, del número de víctimas y de cómo están arreglándoselas a medida que evoluciona esta situación de pesadilla; o conseguir información de nadie que esté ahí. La única forma de comunicarse ahora mismo es por teléfono vía satélite, una opción de la que disponen muy pocas personas.

CAMPAÑA – GABÓN

La cantidad que tenemos contabilizada hasta hoy, viernes, 25

es de 4.567 euros

Los niños y niñas de Arc en Ciel et Espoir

ya nos lo agradecen.