Archive for the ‘Solidaridad’ Category

DOMUND 2015

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Este domingo pasado la Iglesia universal celebró el día del Domund. Me invitaron a hablar en una parroquia de Vitoria y quiero compartir en nuestra web lo que allí dije porque queremos que la voz de los refugiados se oiga:

 “Lo primero que me sale deciros es que yo añadiría hoy a esta campaña unas palabritas y diría “misionera de la misericordia y de la indignación”. En realidad se trata de lo mismo ya que la misericordia, o sea, el corazón que sufre con los que sufren, que ama a fondo, también se indigna y es lo que me ha ocurrido a mí desde que he vuelto aquí este verano.

En el Chad vivía en una casa rodeada de concertinas, esas alambradas que pinchan, y me costó hacerme a ellas. Me sonaba a cárcel, pero había que aceptar las medidas de seguridad que nos imponían y terminé aceptándolas. De vuelta a Europa, he vuelto a ver muchas concertinas, km y km de alambradas entre los países, he visto en la TV a miles de refugiados dar rodeos, inventar nuevas rutas, caminar hasta la extenuación sólo porque quieren vivir. Tal vez sea este el anhelo más radical que habita a toda persona humana, el de querer vivir, aunque para ello haya que arriesgar la vida y morir en el empeño. Me indigna que nuestros países de Europa se vistan de cárcel y no de hogar amable, misericordioso, que acoge a quien huye de bombas y de la atrocidad. Esta concertinas no las aceptaré nunca.

Ser misionera de la misericordia en Chad, en medio de una población totalmente musulmana, significó sentarme con ellos en el suelo y tomar un té, a sorbos pequeñitos, haciendo mucho ruido para demostrar que me gusta ese té, y esperar respetuosamente a que terminen sus oraciones, mirando siempre a la Meca, hacia donde sale el sol.

Significó “acompañar” a hermanos y hermanas muy heridos, que habían salido de su tierra con lo puesto, trayendo con ellos y arrastrando desde ya hace 12 años, recuerdos indelebles de violencia, de despojo, de rabia y también de indignación.

Ser misionera en Chad significó “servir” a nuestros hermanos a través de la educación. Los refugiados decían que una de las cosas que habían ganado al salir de su país era la posibilidad de ir a la escuela y de abrir horizontes nuevos a través de la cultura. Sólo que cuando llegan al nivel de la universidad tienen que aceptar la evidencia: allí no hay futuro para ellos. Generaciones enteras sin futuro…  así se entiende que se tiren al mar por si llegan a mejor puerto.

Ser misionera en Chad significó “defender” su causa, y no aprovecharnos de su pobreza para mantener privilegios de organizaciones internacionales y hasta de ONGs que también pueden vivir sacando tajada del mal ajeno. Defender sobre todo a las mujeres, cubiertas de pies a cabeza, sin muchas posibilidades para hablar y decidir, pero con el orgullo y la fiereza en la mirada de quien hace todo para dar la vida por sus hijos.

He sido dos años misionera en un contexto en el que no he podido decir ni una palabra de Jesús, y sin embargo sé que, siendo las palabras tan necesarias, no son imprescindibles. Los gestos también hablan y éstos sí que son imprescindibles. Me gusta mucho repetirme un dicho que aprendí hace años: “Pequeños gestos mantienen vivas grandes opciones”.

Ojalá nuestra Iglesia invente gestos, imagine escenarios nuevos en los que las concertinas no sean necesarias. Ojalá cada uno de nosotros descubramos el gesto que podemos hacer para que la misericordia, la compasión (sufrir con) gane terreno y nuestra casa común, la tierra, deje de ser cárcel con alambradas o hervidero de bombas para unos y hogar rico, calentito, hermético y ajeno al dolor de sus hermanos, para otros.

Todos y todas estamos invitados a ser misioneros de la misericordia y desde todas las realidades podemos serlo. Os animo a ello.”

Teo

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¿QUÉ PODEMOS HACER?

Refugiados

Recogemos de la  www.vedruna.org  esta reflexión que nos ofrecen Valérie y Teo sobre la situación.

Vemos desde hace meses las noticias de la TV. y números… mil, dos mil, tres mil setecientos… ayer cincuenta mil, solo en el mes de junio. Cada una de ellas, una persona, toda una vida y una historia. Ciudadanos de Siria, Sudán, Eritrea, Afganistán…Vemos que llegan a las fronteras de Europa con una mochila y una botella ya vacía tras el largo camino.

Vemos que están agotados y cada vez son más numerosos. Detrás de ellos, lo que dejan, nos lo muestra el siguiente reportaje, el penúltimo de las noticias antes del fútbol, mucho después de los números de la bolsa que ellos sí, disminuyen. Cuando éstos bajan, el planeta entero se moviliza mientras que cuando el número de los que huyen de condiciones de vida indigna aumenta, no tanto, o casi nada, o un poco… aunque casi mejor que fuera menos cuando la movilización consiste en elevar nuevos muros, vallas o en  aumentar las sanciones que sobran ya.

Vemos… y nace el silencio. Del silencio brota la oración, para que El que ya está caminando con ellos, les dé fuerzas.

Y también nacen preguntas: ¿qué gesto, pequeño o grande, podríamos tener ante esta realidad, ahora que nuestras fronteras de Europa se pueblan también de hermanos y hermanas que huyen, sólo porque quieren vivir?

Sabemos que “pequeños gestos mantienen vivas grandes opciones” y nosotras, invitadas tantas veces a habitar en las fronteras, ¿cuál podría ser nuestro pequeño gesto?

Valérie et Teo, CCV

 

GUATEMALA

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Un millón y medio de personas

amenazadas por el hambre

Este verano, la población rural de El Corredor Seco de Guatemala se enfrenta al hambre, tras cuatro años de una devastadora sequía.

Cinco de cada diez niños sufre desnutrición crónica, y las cifras se incrementan de manera alarmante. La mitad de ellos sólo come una vez al día y las reservas de comida se agotan sin esperanza para la recuperación.

300.000 familias esperan nuestra ayuda 

FRANCISCO ante la TRAGEDIA

El papa Francisco reiteró este domingo su llamamiento a la comunidad internacional:

“Dirijo un apremiante llamamiento a la comunidad internacional para que actúe con decisión y rapidez, para evitar que similares tragedias se repitan”,

“Son hombres y mujeres como nosotros, hermanos nuestros que buscan una vida mejor, hambrientos, perseguidos, heridos, explotados, víctimas de guerras, buscan una vida mejor… Buscaban la felicidad”.

“Expreso mi más sentido dolor ante tal tragedia y aseguro para los desaparecidos y sus familias mi recuerdo y mi oración”.

“Es evidente que las proporciones del fenómeno requieren una implicación más amplia. No debemos cansarnos de solicitar un empeño más extenso a nivel europeo e internacional”.

 

En el Mediterráneo han muerto más de mil personas desde comienzos de año, y los naufragios se suceden ahora casi a diario.

En los últimos días, más de diez mil inmigrantes procedentes de las costas del norte de África fueron rescatados por el Servicio de Guardacostas italiano y otros 400 continúan desaparecidos.

 

MEDITERRÁNEO

África

En lo que llevamos de 2015 más de 35.000 solicitantes de asilo e inmigrantes han buscado refugio en Europa atravesando el mar.

Si se confirman las cifras de este domingo, más de 1.800 habrán perecido en el intento, informa Efe.

290.000 emigrantes indocumentados cruzaron el Mediterráneo en todo el pasado año. De ellos, 3.500 murieron en el intento.

 Escuchamos con dolor  e indignación, las noticias que van llegando sobre la injusta muerte de tantos hombres y mujeres en el Mediterráneo.

Como cristianos nos unimos al dolor de tantas personas y renovamos nuestro compromiso con el Dios de la vida, Padre que la desea para todos sus hijos e hijas.

MACACO

Como todos los años en estas fechas, el cantante Macaco en colaboración con los trabajadores, pacientes y familiares, de la
planta 8ª (oncología) del hospital infantil de San Juan de Dios en Barcelona, ha hecho un “lib-dub” (video-clip interactivo) para recoger fondos para la investigación  del cáncer. Una gran labor que necesita de colaboración.

Cada vez que abras el vídeo entrarán 5 céntimos para  la causa, ¿quieres colaborar?

http://www.youtube.com/watch_popup?v=8WATgU5PduE&feature=youtu.be

ENTREVISTA A COVA OREJAS

Cova

Cova es una Vedruna que está en Gabón y el  periódico el País ha publicado esta entrevista:

Sacar de la miseria rural a sus hijos es la prioridad para miles de padres africanos. La ciudad parece en ocasiones la solución: un conocido o pariente lejano que haya por allí, quizás pueda servir de tabla de salvación. Con ellos acaban muchos menores que, una vez en la ciudad, son obligados a trabajar para quienes, supuestamente, iban a ayudarles. Es algo que lleva viendo a diario desde hace más de una década la misionera Covadonga Orejas. Y no como simple testigo, también intenta cambiarlo.

Su trabajo con menores viene de largo, empezó con los excluidos de barrios madrileños como Pan Bendito o Villaverde. Hace 12 años la llamaron para ir a un campo de refugiados de Liberia y desde entonces no ha regresado de África más que para pequeños periodos vacacionales, que también aprovecha para concienciar sobre esta situación, como sucede con la entrevista que concedió a este periódico en Madrid.

Liberia, Togo, Gabón. Ése es el recorrido que ha hecho Cova. En los dos últimos países su trabajo ha sido similar: ayudar a estos niños y jóvenes explotados a reconducir su vida, a que adquieran una educación y a proveerles un refugio si es que son víctimas de malos tratos, cosa que sucede con frecuencia entre los niños forzados a trabajar. Ahora coordina en ambos las tareas relacionadas con explotación de menores de los centros de su congregación, son financiados por Manos Unidas.

“Liberar a un menor de la explotación es un proceso muy lento”, relata. “Por lo general, está tan asentado entre víctimas y victimarios que lo consideran natural y casi inevitable. Es algo que han imitado durante generaciones. Por eso el acercamiento tiene que ser muy paulatino, sin estridencias e intentando ganar la confianza poco a poco, tanto del niño como del adulto que le hace trabajar”, continúa la misionera.

Esta confianza se gana, en primer lugar, con trabajadores locales que hablan su lengua, ya que la mayoría de estos menores no se maneja en francés. Se trata de acercarse a ellos y ofrecerles un lugar donde aprender y jugar. “Intentamos convencer a los adultos de que les permitan dejar el trabajo un par de horas al día, de doce a dos de la tarde. En este tiempo les damos clases para alfabetizarlos”, relata Cova, que trabaja sobre todo con niños obligados a trabajar en los mercados de abastos.

El siguiente paso es intentar enfocarlos a alguna especialización de formación profesional para que consigan salir del círculo de esclavitud en el que viven. Siempre con cautela, sin prisas. Pueden pasar tres o cuatro años acompañando a los menores antes de que logren escapar de sus explotadores. “Si lo haces bruscamente, si quieres sacarlos de la noche a la mañana, simplemente los quitan de en medio, se los llevan a otro mercado y los ponen a trabajar igual que estaban”. Unos 100 menores son tutelados cada año por el equipo de la misionera carmelita.

Solo los casos de abusos físicos o sexuales acarrean acciones más contundentes por parte del equipo. Cuentan con habitaciones para acogerlos en caso de que necesiten un refugio, aunque incluso en estas situaciones, a no ser que resulte inevitable, tratan de no apartar a las niñas de sus familias, sino de dar un apoyo temporal por medio de médicos y psicólogos para reconducir la situación.

La labor de Cova y su equipo, más allá de atender directamente a los menores, es también sensibilizar a quienes le rodean para acabar con prácticas tan comunes allí como la explotación laboral y el abuso a menores. “Hacemos programas en la escuela para sensibilizar y escuchar a los niños, también trabajamos con la policía, para que esté alerta de estos casos, con la familia, para concienciarlas. Poco a poco, la justicia, el Gobierno, se van tomando en serio este problema”, dice con cierta satisfacción.

¿Tiene billete de vuelta a Europa? “Estaré en África mientras me necesiten”, responde la misionera, que se dice movida por la fe y, más allá de eso, por la ayuda al prójimo: “Ellos son mis hermanos, no los puedo dejar colgados”.